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lunes, 15 de marzo de 2010

La Toma Del Castillo

Política :::: Encabezando alianza con Omar Quezada, el ex primer ministro se impone al frente del APRA. Ahora viene más de una cuesta arriba.
La Toma Del Castillo



El viernes 5 la Fiscalía lo exoneró explícitamente del caso “petroaudios”. Luego comenzó el fin de semana del congreso
El secretario general entró como un huracán, escoltado por miembros de su seguridad. Aquellos que en los últimos meses se hicieron conocidos por llevar camisa blanca, pantalón negro y cara de pocos amigos. Mauricio Mulder llegó al estrado del aula magna y gritó “corrupción” a voz en cuello.
Declaró la suspensión del congreso aprista y le respondieron con pifiadas y sillas por los aires. El gran retrato de Haya de la Torre lo espectaba todo. Mulder salió como entró. Entonces ingresó a la vieja casona de Alfonso Ugarte. Su entorno ahuyentaba a los compañeros arrojando vasos de gaseosa en amenazante carnaval.
Llegó hasta la puerta cerrada de la gerencia general, vigilada por los dos policías que custodiaban al ministro Aurelio Pastor y al congresista Jorge del Castillo. Con ellos estaban el presidente de Cofopri, Omar Quezada, la ministra Nidia Vílchez, el parlamentario andino Wilbert Bendezú y el director de Foncodes, Carlos Arana. Algunos de los guardaespaldas de Mulder llevaban armas de fuego y los policías les advirtieron que si no se iban tendrían que utilizar las suyas. Mulder se quedó tocando la puerta, calculan los que estaban dentro, unos ocho minutos.
Ese domingo 7 entre la una y dos de la tarde fue quizás el momento álgido de un cónclave partidario que ya parecía montaña rusa. Su inauguración dos días antes fue pospuesta por lo que un sector consideró falta de garantías. Al día siguiente se descubrió una supuesta fábrica de credenciales que terminó siendo una oficina autorizada por miembros de la comisión organizadora del congreso, aunque el presidente de la misma no estaba ni enterado. Luego del incidente mencionado llegó la policía de asalto para cercar el local. El XXIII Congreso Nacional del APRA se debatía al filo de la debacle. Al final se eligió una nueva dirigencia encabezada por Del Castillo, Mulder quedó fuera de la ecuación y todos los demás entonaron la marsellesa enmarcada por un encendido discurso de Alan García y los cantos de “unidad”. Un fin de semana de aquellos.
Cuando un no aprista se acerca a la burbuja de los compañeros encuentra un sistema de tintes fetichistas con la memoria del fundador, pero también de negociaciones permanentes propias del juego democrático. Con más de ochenta años de fundado solo ha pasado por un recambio real en su presidencia –de Haya a García con el cisma y la decadencia que sobrevino a la muerte del “jefe” y el interregno de Armando Villanueva– pero los demás puestos de peso en el organigrama son disputados en un juego donde el número uno, si bien administra contrapesos, también sabe hasta dónde llegar. Siempre y cuando su hegemonía no se vea cuestionada.
Si en el XV Congreso de 1985, siendo mandatario electo, fue elegido presidente del partido, en el encuentro siguiente de 1988, y en medio del fracaso de su primer gobierno, recibió una histórica rechifla de los delegados. Luis Alva Castro, su entonces némesis fraterno, fue elegido como secretario general. El control del partido se le escapaba de las manos.
Es algo que no permitió en el congreso del 2004, con una nueva campaña presidencial en ciernes y la necesidad de empuñar el mango de la sartén. Entonces Jorge del Castillo se presentó a la reelección pero García impuso una lista única compartida con Mauricio Mulder como cosecretario general, aunque se quedó al frente él solo, y Mercedes Cabanillas al frente de la poderosa dirección política.
Seis años y varias postergaciones del congreso más tarde, Mulder tentó la reelección enfrentado al ex premier y el sector liderado por Omar Quezada: el de los llamados “cuarentones” supuestamente favorecidos por García como la generación que le apuntalará una nueva candidatura en el 2016.
A pesar de los pronósticos, nada indica que esta vez García influyera como en el anterior encuentro. Cuando todos los sectores clamaban victoria luego de la elección de los delegados (CARETAS 2116), Del Castillo comenzó a trabajar su acercamiento con Quezada. Pero en la madrugada del sábado 6 todavía no se llegaba a un entendimiento. El ayacuchano reclamaba para sí la secretaría general. Del Castillo, que había barajado presentar a alguien cercano, decidió lanzarse él mismo. Mientras tanto aseguró la alianza con el actual primer ministro, Javier Velásquez Quesquén, a quien apoyaría para encabezar la dirección política.
La entrega de las credenciales a los 570 delegados comenzó con problemas. Para empezar, además de Alfonso Ugarte se instaló como punto de acreditación el local miraflorino del partido. Cuando faltaban horas para comenzar el evento, Quezada denunció que el presidente de la comisión organizadora, Víctor Raúl Díaz Chávez “me ha autorizado a declarar que acá hay un fraude en contra del partido y tiene como único responsable al secretario general de nuestro partido, Mauricio Mulder”. Acusó por el entuerto a dos miembros de esa comisión, Oswaldo Morán y Carlos Huerta.
Otro “cuarentón”, Javier Barreda, denunció el cambio de delegaciones en provincias como Tacna, Ayacucho, Iquitos, Morropón y Paita. Es decir, delegados que esa tienda esperaba ya no tenían tal condición.
Esa misma noche Del Castillo y Quezada se reunieron en Palacio, pero no con el Presidente, como fue filtrado a la prensa, sino con Velásquez. El sábado reventó la noticia de la supuesta “fábrica” de credenciales en el local 604 de la avenida Arenales 395. Hasta allí llegaron representantes del Ministerio Público que constataron lo ocurrido. Era la oficina de Carlos Cabanillas, a quien los opositores de Mulder acusan de haber alterado los padrones del partido. De la comisión, solo los aludidos Morán y Huerta sabían de la existencia de la oficina. El despelote se trasladó a Alfonso Ugarte. Supuestos delegados simpatizantes de Quezada que no lograron acreditarse chocaron con la seguridad en la calle y otros que solo habían accedido al patio posterior de la casa del Pueblo pugnaban por ingresar al aula magna.
Del Castillo exigió revisar las credenciales de todos los delegados. Sus simpatizantes señalaban que delegaturas como la de la CTP, que apoyaba a Mulder y ya tenía muy significativo número de 40 delegados, había sido todavía más inflada. Otras como la de Chimbote, cuya elección había sido anulada, fue “activada” de un momento a otro, con 19 representantes. Igual la delegación en el exterior, no considerada en un principio.
A las seis de la tarde la ministra Nidia Vílchez, próxima a los cuarentones, reconoció a CARETAS que el ex primer ministro le había ofrecido la subsecretaría pero ella declinó. Sí aceptó que por entonces las partes mostraban mayor flexibilidad para negociar.
El tira y afloje terminó aproximadamente a las diez de la noche, cuando por fin se pudo pasar a la votación de la mesa directiva. Se trata de un momento clave del congreso aprista, pues quienes serán candidatos a la secretaría general impulsan a su vez a sus cinco opciones para dicho colegiado. En ese momento cristalizó el entendimiento entre Del Castillo y Quezada, que unieron sus listas. Un connotado delegado explicó que “cuando se decide la mesa directiva todo vuelve a tejerse”. En ese momento los votantes ya vislumbran hacia dónde se moverá la marea. Los indecisos se deciden y los demás piensan mejor el próximo voto.
“Jorgistas” y “cuarentones” colocaron todas sus cartas en la mesa directiva (Diego Navarro por Lima, Gladys Arce por el centro, Moisés Panduro por el oriente, Enrique Melgar por el sur y Carlos Martínez Polo por el norte). Por allí se vio la preocupación en los rostros de Mauricio Mulder y Mercedes Cabanillas, que se la había jugado por éste. La “renovación” tenía unos 280 votos y los reeleccionistas llegaron a contar 180.
A la medianoche, la primera decisión de la nueva mesa directiva fue sacar del aula magna a la “seguridad” contratada por Mulder y encargarle esa labor al militante José “Pepe” Flores.
Al día siguiente, domingo 7, el aún secretario general denunció por RPP que “(suceden) cosas que no me imaginaba. Un grupo de personas ha ingresado al Partido violentamente y ha tomado el control de todos los accesos y de las puertas. Esto está dirigido por un compañero que es presidente de una empresa pública (Flores) y ha tomado el control del Aula Magna donde se hacen las sesiones, haciendo que ingresen ya todas las personas que quieren y ni siquiera delegados, pero lo paradójico es que en mi oficina, en donde yo estoy despachando, de la Secretaría General del Partido me han encerrado”.
Mientras tanto, Del Castillo y Quezada afinaban su lista. El primero iría como secretario general “político” y el segundo como “institucional”. Luego ocurrió la irrupción de Mulder en el Aula Magna. Tras su intento frustrado de hablar con los demás miembros de la cúpula, se retiró con unos cincuenta delegados. El camino quedó allanado para sus adversarios, que incluyeron a Bendezú y Javier Morán en las subsecretarías generales. Arana irá a un puesto que ya conoce, el de organización, y Carlos Roca ocupará la secretaría de asuntos internacionales. El resto del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) tiene un buen número de jóvenes, aunque apenas dos mujeres. La dirección política también vio una reducción en el promedio de edad. Además de ser encabezada por Velásquez Quesquén, que reemplaza a Cabanillas, es integrada por Vílchez, Aurelio Pastor, el congresista José Vargas, Javier Barreda y Fernando Barrios de EsSalud. El presidente García, que celebró la fórmula “que le da la oportunidad a nuevos rostros sin dejar atrás la experiencia”, tiene el derecho de ubicar allí cinco fichas más, y es muy probable que, calmadas las aguas, reserve allí un puesto para Mulder.
Del Castillo salió de sus dos principales rivales –Mulder y Cabanillas– en lo que se refiere al control partidario. Otros como César Zumaeta perdieron casi toda presencia en el organigrama. Pero ahora el ex primer ministro enfrenta más de una cuesta arriba. Considera que el partido, y la misma cúpula, sufre de “confusión” en materia ideológica.
De hecho, en la campaña interna Mulder intentó recuperar las banderas de izquierda del aprismo y en la tarea se acompañó de Luis Negreiros, que impulsa una agenda casi disidente en el Congreso. Del Castillo se servirá de la propia revisión ideológica planteada por García en su libro “La Revolución Constructiva del Aprismo” (2008) para intentar despercudir al partido del estigma derechista.
Pero el problema inmediato, considera, “es el saneamiento de los padrones”. Luego de concluirlo ingresarán a un nuevo calendario de elecciones internas para elegir a los candidatos a las elecciones municipales y regionales, además de las justas generales del próximo año. A diferencia del método de los delegados, piensa darle un nuevo impulso a la campaña de “un aprista, un voto” para escoger las candidaturas. Es más, espera que el candidato presidencial y la lista parlamentaria salgan de una especie de primarias con el voto no solo de la militancia sino también de cualquier ciudadano interesado. Como García lo declaró el lunes 8, Del Castillo es ahora “la principal carta” del aprismo de cara al 2011. Él, que se ha dedicado en las últimas dos campañas presidenciales a negociar y torpedear con sangre fría destacable en un partido de impacientes, dice tomarse su tiempo. “Yo mido, mido y mido”, repite. (Enrique Chávez)
FUENTE: CARETAS